lunes, 3 de agosto de 2015
martes, 14 de julio de 2015
LA LEY DE LA SILLA (1914)
100 años de derechos y de estupideces.
La
silla no solo forma parte de los objetos culturales indispensables de la vida
cotidiana, sometida a las modas, gustos y estilos propios de otros objetos, sino que además es parte -a decir de
Norbert Elias- del proceso civilizatorio de la humanidad. En este sentido, la silla ha estado presente en los rituales culinarios y en el
fortalecimiento de los espacios de
intimidad, siendo la forma se sentarse reflejo de patrones culturales, niveles
educacionales o grados de confianza que las personas muestran en público. A más
de alguno no se le escapará la larga compañía y conexión que tiene la evolución
de la silla con el retrete, con el consiguiente avance de la higiene en la
humanidad.
En
Chile, luego de años de demanda se promulgó el 7 de diciembre de 1914 la llamada LEY DE LA SILLA que establecía que en todo negocio, tienda o almacén se debía
mantener el número suficientes de sillas a disposición de los empleados o
dependientes. Algunos sectores la criticaron porque tendía a favorecer más a
las mujeres que a los hombres, pese a que no discriminaba en favor de las
primeras como la ley española de 1912.
Para otros acarrearía un gasto innecesario para los negocios al
desnaturalizar muchas de las tareas de los empleados o dependientes. Pero
la ley además fue importante porque reglamentó los descansos, dando derecho a los
empleados de las tiendas a una hora y media por día para almorzar, considerado
suficiente para que se desplazaran a sus hogares y retornaran al trabajo en el
horario de la tarde.
La
retórica conservadora ha desnaturalizado el sentido de esta ley, asociándola al
conjunto de condiciones laborales que no debieran ser reglamentados y
que, en consecuencia, no debiera dar origen a ningún derecho social. Asociada a
demandas superfluas que promueven el poco compromiso en el trabajo, la ley de
la silla ha pasado a formar parte del anecdotario de las leyes sociales en
Chile, un tanto desconocida, poco defendida y mirada con cierto desdén si se desea
fiscalizar su aplicación.
Estas
líneas las escribo no solo para recordar el conjunto de “leyes innecesarias”, a
decir de algunos, aprobadas por el Estado, sino también para recordar que es
en el orden jurídico donde se aseguran los derechos y se reconocen las
obligaciones de unos con respecto a otros. Así, no sorprende que bajo el
discurso progresista que invade a muchas ONGs y políticos, y que busca a toda
costa protegernos de los males de la vida moderna, se haya iniciado una campaña
en contra del sedentarismo y que tenga como objeto de todas las culpas la
famosa silla. EL SEDENTARISMO MATA,
junto a una silla con una calavera, resume visualmente el mensaje que se nos
quiere transmitir. El eje del análisis parece trasladarse del problema de la
obesidad y mala nutrición asociado a las empresas alimenticias, grandes cadenas
de comida y de distribución de alimentos procesados (Supermercados), a la
inactividad y el uso excesivo de la silla como explicación del problema.
Se
nos dirá que es solo una campaña y que la silla juega el papel de “representación” o imagen simbólica del sendentarismo. Pero
justamente, como es en los símbolos y representaciones donde algunos buscan
ganar sus batallas, es bueno recordar que hace 100 años muchos vieron en la silla un
avance en el proceso civilizatorio de cómo tratábamos a empleados y
trabajadores.
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Reseñas y comentarios
miércoles, 1 de abril de 2015
Reseña Libro
Movimiento sindical en dictadura. Fuentes para una historia del sindicalimo en Chile. 1973-1990.
Movimiento sindical en dictadura. Fuentes para una historia del sindicalimo en Chile. 1973-1990.
Rodrigo Araya
Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2015.
El
movimiento obrero en Chile hunde sus raíces a comienzos del siglo XX.
Configurado a partir de distintas vertientes sociales, organizativas e
ideológicas, logró importantes avances a partir de la creación de la Federación
Obrera de Chile (1909), la Federación Obrera Regional del Chile (1913) y la
I.W.W. (1919). Las leyes sociales de 1924 fueron relevantes al legalizar los
sindicatos de tipo industrial y profesional. El Código Laboral de 1931 reguló aspectos
centrales de la huelga obrera y el funcionamiento de los sindicatos. En la década de 1930 y, en especial, con el arribo del Frente Popular, se produjo un proceso de consolidación de sus modalidades de organización y de relación con el Estado, lo que está marcado por la creación de la Confederación de Trabajadores de Chile (1936) y de la Central Única de Trabajadores (1953). Los años de 1940, 1950 y 1960 pueden caracterizarse por la aplicación de las normas del Código Laboral que había reglamentado el derecho a huelga, los convenios colectivos y la sindicalización obligatoria, reafirmando, de paso, los principios largamente discutidos durante los primeros años del siglo XX, en torno a la jornada de 8 horas y 48 horas semanales, el ingreso mínimo, las restricciones al trabajo infantil y de mujeres, entre otros aspectos. En 1967 se produjo un avance importante en el desarrollo de la sindicalización en Chile, al promulgarse la ley 16.625, sobre régimen sindical en la agricultura, y que reconoció el derecho de los trabajadores y empleados agrícolas a constituir sindicatos, así como el derecho a huelga. De esta forma, nuestro país podía mostrar hacia 1973 un sindicalismo fortalecido por distintas medidas legislativas, luchas históricas y un importante sentido de identidad.
El modelo de organización sindical
característico hasta 1973 ha sido definido por algunos autores de
proteccionista, “dada la existencia de trabas para despedir trabajadores;
elevadas indemnizaciones; tarifados por rama para ciertas ocupaciones;
restricciones de oferta a través de las existencia de carnés para desempeñar
determinados trabajos, y privilegios especiales para ciertos gremios”.[1]
En
términos historiográficos, esta evolución del movimiento obrero comenzó a ser estudiada desde los años 1950 por los principales
representantes de la historiografía marxista, cuyo aporte fue romper con el
paradigma dominante de la escuela histórica positivista y conservadora, la cual
se centraba en los estudios
sobre la organización política, descuidando los factores económicos y sociales
como explicación de los procesos históricos. Además, su visión marxista supuso
poner énfasis en la condición de los sectores populares, dejando de prestar
interés a los sectores de la elite como único actor de la historia. Los
estudios sobre el surgimiento del proletariado y sus organizaciones
socio-políticas, las huelgas y enfrentamientos violentos, las condiciones
económico-sociales y, en plano de las relaciones internacionales, el
imperialismo y el rol predominante del capital norteamericano, fueron la
consecuencia natural de este cambio de paradigma[2]. Sin embargo, estos estudios descuidaron
aspectos tan importantes como los debates en torno a la cuestión social, los
avances en materia de legislación del trabajo, modalidades de regulación de la
protesta obrera y qué decir de la acción del Estado en pro del mejoramiento de
la condición social del pueblo. En materia sindical, se tendió a estudiar su
desarrollo en vinculación con los avances de los partidos de izquierda, primero
el comunista, creado en 1922, y luego el socialista, creado en 1933[3]. Esto trajo como resultado, por una parte, el
valorar –quizás en exceso– el aporte de los sindicatos en el proceso de
democratización del país[4], descuidando el hecho de que no pocas de sus
acciones respondieron a intereses más bien corporativos, que ayudaron a minar los
fundamentos democráticos. Por otra parte, al relacionar en demasía determinadas
organizaciones sindicales con los partidos de izquierda, mucho de sus retrocesos
y avances se vincularon con las crisis y rearticulaciones operadas en el
sistema político, desconociendo el grado de autonomía relativa que los
sindicatos tienen con respecto a los partidos o, lo que es peor, minimizando la
importancia de otras organizaciones gremiales que no se insertan en un cuadro
político clásico.[5]
Lo
anterior condujo a otro problema instalado por la historiografía marxista: la
fuerte inclinación obrerista que se
le dio a la organización sindical. Si bien la legislación chilena, desde 1924,
había definido a los sindicatos como organizaciones de defensa de intereses
tanto en la rama industrial como profesional, se tendió a estudiar, con cierto sesgo
ideológico, preferentemente a las organizaciones obreras. Como resultado de lo
anterior, no se mostró el mismo interés por investigar las organizaciones de
empleados fiscales, particulares y municipales, por nombrar algunas[6], y cuando se las estudió se hizo con el
prejuicio característico de señalarlas como asociaciones que respondían a sus
propios intereses de clase y que minaban la unidad de lucha[7]. Lo mismo se puede argumentar sobre la acción
del catolicismo en la promoción de las organizaciones sindicales. Como
excepción podemos nombrar los estudios sobre el padre Alberto Hurtado y su
labor en pro de la libertad sindical y aquellos sobre Clotario Blest, en cuanto
a su vertiente cristiana, así como de sindicalización de los empleados públicos
y de unificación del movimiento obrero[8].
La experiencia de la Unidad
Popular ha obligado a replantear muchos de los supuestos con los que operó la
historiografía marxista clásica en relación con el movimiento obrero. En primer
lugar, no pocos historiadores operaron con el esencialismo de suponer una
predisposición revolucionaria en los trabajadores chilenos. Toda experiencia en
contrario, era calificada como fría maquinación de intereses foráneos (de clase
o del imperialismo). En segundo lugar, se pensaba que un contexto de profundización
democrática forzaría a los trabajadores a optar por las posturas más izquierdistas,
en el entendido de que las restricciones operadas en el sistema político, al
menos hasta los años 1960, habían distorsionado la representación de esos
sectores. Por último, que la conquista del aparato del Estado fortalecería la
unidad sindical y, con ello, el proyecto revolucionario de transformación social.
Sin querer profundizar en estos aspectos, el golpe militar de 1973 supuso una profunda represión al movimiento
político-popular de izquierda, lo que limitó al extremo el desarrollo de un
pensamiento crítico y truncó, de paso, los aportes de la historiografía
marxista. Esto produjo que los pocos estudios sobre el sindicalismo chileno,
durante los años 1970 y 1980, fueran realizados por sociólogos y cientistas
políticos[9]. La
decepción provocada y, en muchos casos, el profundo impacto causado por la
derrota del proyecto socialista-democrático, junto a la experiencia del exilio
y la acción represora de un Estado autoritario y dictatorial, no hicieron más
que profundizar la distancia con la mirada positiva o de autocomplacencia que
se tenía de la institucionalidad democrática del siglo XX y de todos los avances
del Estado de compromiso[10]. Algunos representantes de la Nueva Historia Social han expresado un
fuerte prejuicio con respecto a la política, al menos en su definición clásica,
lo que incluye el sistema de partidos, las definiciones electorales y la búsqueda
o mantención del poder, proponiendo una historia social desprovista de lo
político[11]. La cuestión del poder ha sido desplazada hacia el problema de la
soberanía y autonomía del sujeto popular. Estas serían las condiciones
explicativas de por qué no hubo historia sindical y laboral durante más de tres
décadas (años 1970 y fines de los años 1990).
Solo en los últimos años, de la mano
de historiadores jóvenes, se observa un interés renovado en la reconstrucción
de la historia sindical durante la dictadura militar. Estas perspectivas buscan
ofrecer nuevas entradas a la comprensión de la dictadura militar (1973-1989) precisando
el papel jugado por las organizaciones de trabajadores y otros movimiento
sociales (de pobladores y juveniles) en el retorno a la democracia (la mirada proyectiva)
y el impacto que produjeron las reformas
neoliberales (Plan Laboral de por medio)
en la destrucción del entramado sindical chileno y la formación de un
nuevo sindicalismo postdictadura (la
mirada retroactiva)[12].
Sin embargo, muchos de los enfoques que
subyacen en estos estudios pioneros siguen reduciéndose a estudios que se
centran al interior de las fronteras nacionales. En tiempos de globalización, y
con nuevos enfoques en lo que dice relación con la historia transnacional, de
las circulaciones y comparada, existen posibilidades de avanzar en integrar
procesos, actores e instituciones internacionales en el estudio del
sindicalismo en nuestro país. Los aportes de las historiografías obreras
latinoamericanas, desarrolladas entre los años 1940 y 1990, fueron sustanciales
en establecer las etapas cronológicas de su evolución, precisar la influencia
de corrientes ideológicas extranjeras, identificar desencuentros entre las
organizaciones obreras y la clase política o seguir su maduración organizativa[13]. Sin embargo quedaron reducidas a ser un recuento de procesos
nacionales, poco vinculados con el contexto internacional y menos aún con la
formación de dinámicas regionales: circulación de ideas y líderes sindicales;
formación de una experticia técnica que movilizó ideas en pro del mejoramiento
social y económico. En concreto, las historias obreras fueron una prolongación
de las historias nacionales[14].
En
la actualidad existen diversos investigadores que señalan la necesidad de
estudiar lo social, el trabajo y la clase obrera desde perspectivas
transnacionales, lo que debe considerar
los vínculos existentes entre la consolidación de un pensamiento social
nacional, la formación de una institucionalidad internacional y la cooperación
técnica[15].
La Dictadura Militar y su impacto internacional, se presta muy bien para
la promoción de enfoques transnacionales, y superar las miradas locales que se
han hecho sobre el conflicto socio-laboral. Perspectivas comparadas con la
realidad argentina; las plataformas de ayuda y de solidaridad internacional
ofrecidas por los trabajadores y dirigentes sindicales exiliados; la acción de
organismo internacionales como la OIT en defensa de los derechos laborales
durante el periodo; y la acción de organizaciones sindicales de alcance mundial
y su impacto en el plano nacional, ayudarían a avanzar más rápidamente en el
conocimiento de la historia sindical reciente.
Es en este contexto que se enmarca el estudio de Rodrigo Araya editado
este año por la Universidad Alberto Hurtado. Se trata de la presentación de
fuentes sindicales muy variadas, como el Comité Exterior de la CUT, el apoyo de
las organizaciones sindicales internacionales (FSM, CIOSL) a los trabajadores
chilenos, algunas artículos de la revista Chile Sindical, declaración de
principios de la Unión Democrática de Trabajadores, discurso de Manuel Bustos
en la Conferencia del movimiento sindical libre por los DDHH y Sindicales en
Chile, realizada en Madrid en 1983, documentos sobre el Comando Nacional de
Trabajadores, la VI Asamblea Nacional de
la Coordinadora Nacional Sindical, de 1984 y una serie de pliegos de
trabajadores, entre otros. Aunque se echa de menos una presentación que
articule de mejor forma el conjunto de artículos, por su variedad y complejidad
de instituciones y personajes que aparecen, busca llenar un vacío en los
alcances más globales de la reconstitución del movimiento sindical bajo dictadura.
Por
último, un estudio sobre las fuentes sindicales en Dictadura, nos obliga a
pensar en cómo se ha hecho la historia del movimiento obrero en Chile. Las
fuentes principales que se han utilizado han sido los periódicos. Esto responde
a dos razones. Primero, los trabajadores mostraron un temprano éxito
organizativo, medido por la capacidad que tuvieron en iniciar la publicación de
un periódico que difundiera sus ideas y objetivos, y que además ayudara a
fortalecer la unidad sindical. Esto hizo que la prensa obrera fuese variada y
en no pocos casos de alcance nacional. Existe una muy buena clasificación de
dicha prensa, la que además ha sido objeto de estudios pormenorizados[16].
Segundo, la ausencia de fuentes de archivo de las organizaciones más
características de los trabajadores se puede explicar por la falta de celo en
resguardar la documentación generada. Dificultades en dar forma a una cultura
de la memoria y una política de resguardo patrimonial de las acciones y eventos
realizados por los trabajadores organizados puede explicar lo anterior. La
represión llevada a cabo por las autoridades públicas y policiales, que
destruyeron no pocos locales, y la confusión que en algunos casos tuvieron las
acciones sindicales con las partidarias, generó desconfianzas en organizar
archivos que pudiesen contener información clasificada y posible de ser
revisada con una lógica revisionista.
Por las razones que sean, este exceso en el
uso de la prensa obrera en la reconstitución del movimiento sindical ha traído
como consecuencia positiva el obligar a hacer un rastreo sistemático de dicha
prensa, aún a costa de sacrificar la mirada integral y de larga duración. Por el contrario, en algunos estudios no
siempre aparece clara la evolución que presenta un periódico a través de sus
años –en el caso de que haya superado los primeros meses o números de
circulación– o las distintas posiciones políticas y sindicales que lo dividen.
Esto mismo ha hecho que si bien la revisión de la prensa obrera sea
pormenorizada, su uso sea contingente para apoyar tal idea u opinión. No sé si
tales razones expliquen la falta de investigaciones que aborden de manera
sistemática la historia de un sindicato u organización obrera, pero aparece
evidente que no necesariamente la revisión detallada de la prensa ha traído como
consecuencia el mayor conocimiento de un sindicato o rama industrial.
Hoy día las posibilidades que ofrecen fuentes
de archivo de organismos internacionales para estudiar la historia sindical y
obrera se multiplican. Los medios y recursos que ofrece la web permiten el
acceso inmediato a documentos que años atrás hubiese sido difícil de conocer, aunque
obliga a nuevos ejercicios de crítica de fuentes, en el entendido que su propia
difusión supone estrategias organizativas y selectivas no exentas de intereses
particulares.
[1] Ricardo Ffrench-Davis y
Bárbara Stallings, Reformas, crecimiento
y políticas sociales en Chile desde 1973, Santiago, Lom Ediciones,
2001.
[2] Para un estudio crítico, ver
Sergio Grez, “Movimiento popular urbano en Chile entre el cambio de siglo y la
época del Centenario (1890-1912). Avances, vacíos y perspectivas
historiográficas”, Contribuciones
científicas y tecnológicas, N°109, agosto, 1995, pp. 37-45; Jorge Rojas
Flores, “Los trabajadores en la historiografía chilena: balance y
proyecciones”, Revista de Economía &
Trabajo, N°10, 2000, pp. 47-117.
[3] Hernán Ramírez, Origen y formación del Partido Comunista de Chile, Santiago,
Austral, 1965; Julio Cesar Jobet, El
partido socialista de Chile, Santiago, Prensa Latinoamericana, 1971; Paul Drake, Socialismo y populismo en Chile,
Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1992.
[4] Crisóstomo Pizarro en una
obra de 1985 señala: “En suma, el movimiento sindical y su acción huelguística
deben ser considerados como uno de los agentes estratégicos de los cambios
democráticos del presente siglo”, en La
huelga obrera en Chile, Santiago, Ediciones Sur, 1986, p. 213. En tanto
Rolando Álvarez, escribe: “Durante el siglo XX, el movimiento sindical chileno
tuvo un importante papel en el proceso de profundización de la democracia, la
obtención de derechos sociales y mejorías económicas para los asalariados del
país”, en “El plan laboral y la negociación colectiva ¿Origen de un nuevo
sindicalismo en Chile? 1979-1985”, Boletín
del Instituto de Historia Argentina y Americana, “Dr. Emilio Ravignani”,
N°35-36, segundo semestre 2011/primer semestre 2012, pp. 92.
[5] Alan Angell, Partidos políticos y movimiento obrero en
Chile, México, Ediciones Era, 1974.
[6] Al respecto ver Azun
Candina, Clase media, Estado y
sacrificio: La Agrupación Nacional de Empleados Fiscales en Chile contemporáneo
(1943-1983), Santiago, Lom Ediciones, 2013.
[7] Crisóstomo Pizarro, op. cit.; Jorge Barría, Historia de la CUT, Santiago,
Editorial Prensa Latinoamericana, 1971.
[8] William Thayer Arteaga, El Padre Hurtado y su lucha por la libertad
sindical, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1999; Maximiliano
Salinas, Clotario Blest, Santiago,
Arzobispado de Santiago, Vicaría Pastoral Obrera, 1980; Gilda Orellana,
“Clotario Blest en la CUT: por una nueva cultura sindical y política
(1953-1961)”, Tiempo Histórico, N°7,
2013, pp. 29-64.
[9] Guillermo
Campero y José Valenzuela, El movimiento
sindical chileno en el capitalismo autoritario: 1973-1981, Santiago, ILET,
1981; Manuel Barrera, La demanda democrática de los trabajadores
chilenos, Santiago, CED,
1984; Manuel Barrera et al., Sindicatos y estado en el Chile actual,
Santiago, CES, 1985; Jaime Ruiz Tagle, “El movimiento sindical chileno y la
crisis del capitalismo autoritario”, en Varios autores, Los movimientos
sociales y la lucha democrática en Chile, Santiago, CLACSO-ILET, 1985; J.
Samuel Valenzuela, “El movimiento obrero bajo el régimen militar”, en Francisco
Zapata, Clases sociales y acción obrera en Chile, México, El
Colegio de México, 1986; Patricio Frías, El movimiento sindical
chileno en la lucha por la democracia, Santiago, PET, 1989.
[10] Gabriel Salazar y Julio Pinto
haciendo referencia al Estado del siglo XX señalan: “Echando mano de la
ingeniería de gobernabilidad: universalizando el derecho al voto individual,
pero anulando toda participación ciudadana, individual o colectiva en la toma
de decisiones públicas. La “comunidad cívica” fue pulverizada por la
individuación electoral y la reducción del ciudadano a la doble condición
pasiva de peticionario y beneficiario de las políticas públicas”, Historia contemporánea de Chile I, Santiago,
Lom Ediciones, 1999, p. 94.
[11] El año 2005 el historiador
Sergio Grez criticó a algunos representantes de la Nueva Historia Social por la
ausencia de contenido político en sus investigaciones, “Escribir la historia de
los sectores populares: ¿con o sin política incluida? A propósito de dos
miradas a la historia social (Chile, siglo XIX)”, Política, vol. 44, Santiago, 2005.
[12] Rolando Álvarez, “¿Represión o
integración? La política sindical del régimen militar. 1973-1980, Historia, N°43, vol. II,
julio-diciembre, 2010, pp. 325-255; Rodrigo Araya, “Cambios y continuidades en
el movimiento sindical chileno en los años 80. El caso del Comando Nacional de
Trabajadores”, Historia, N°47, vol.
1, enero-junio 2014, pp. 11-37. También se puede ver P. Winn, Victims
of the chilean miracle: workers and neoliberalism in the Pinochet era,
1973-2002, Durham, Duke University Press, 2004, y Paul Drake, Labor Movements and Dictatorships:
The Southern Cone in Comparative Perspective, Johns Hopkins University Press, 1996.
[13] Para un balance crítico acerca
de la historiografía sobre el movimiento obrero latinoamericano, ver Patricio
Herrera, "La CTAL en la historiografía obrera. 1938-1963", Cuadernos de Historia, N°36, 2012.
[14] Enfoques que parecen proyectarse
a estudios recientes, como el de Francisco Zapata, El sindicalismo latinoamericano. Historia mínima, México, El
colegio México, 2013. Una perspectiva que busca superar estas miradas tradicionales sobre la
evolución del movimiento sindical latinoamericano es aquel de Patricio Herrera
sobre la CTAL, En favor de una patria de los trabajadores”.
La Confederación de Trabajadores de América Latina y su lucha por la
emancipación del continente, 1938-1953, Tesis de Doctor en Historia, Centro de
Estudios Históricos, El Colegio de Michoacán, Zamora, México, 2013, (inédita).
[15] Marcel Van der
Linden, Historia transnacional del
trabajo, Valencia, Centro Francisco Tomás y Valiente UNED Alzira-Valencia,
2006; Jan Lucassen, (Ed.), Global Labour
History: A State of the Art, Bern, Peter Lang AG, International Academic
Publishers, 2006; Kenneth Bertrams y Sandrine Kott, “Actions sociales
transnationales”, Genèses, 2008:2, N°71,
pp. 2-3; Sandrine Kott, “Les organisations internationales, terrains d'étude de
la globalisation. Jalons pour une approche
socio-historique”, Critique
internationale, N°52, 2011, pp. 9-16; Jasmien Van Daele et al. (Eds.), ILO Histories: Essays on the International Labour Organization and Its
Impact on the World During the Twentieth Century, Bern, Peter Lang AG,
International Academic Publishers, 2010; Isabelle Lespinet-Moret y Vincent Viet
(coords.), L’Organisation internationale
du travail, Rennes, Presses Universitaires de Rennes, 2011.
[16] Osvaldo Arias, La prensa obrera en Chile.
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Reseñas y comentarios
martes, 6 de enero de 2015
ENTREVISTA RED HISTORIA BARILOCHE, DICIEMBRE 2014
RECABARREN: A
90 AÑOS DE SU MUERTE (1924)
Periodista:
Profesor, usted se ha dedicado a estudiar el Estado Social, la cuestión social
y el movimiento obrero en Chile. Además viene de dar su examen de doctorado
sobre la acción de la Organización Internacional del Trabajo en América del
Sur. ¿Cuál es su relación con la figura de Luis Emilio Recabarren?
Juan Carlos Yáñez: Es como la de cualquier investigador. No soy
especialista en Recabarren, pero me ha interesado su figura y su labor a
propósito de mis propios estudios sobre la cuestión social y las posturas del
movimiento obrero sobre la legislación social. Hay muy buenas investigaciones
sobre Recabarren, destacándose en los últimos años los estudios de Jaime
Massardo, Julio Pinto y Sergio Grez.
P: Nos podría
comentar ¿qué tienen de común y de distinto estas investigaciones?
J.C.Y.: Bueno, en principio me parece que son trabajos que buscan mirar
al líder obrero despojado de toda hagiografía que fijó la historiografía clásica
de izquierda o los memorialistas de los años 50 y 60 del siglo pasado. Ni
héroe, ni mártir, más bien figura y liderazgo clave para pensar la formación de
un movimiento obrero de carácter moderno. Por ello, ya sea en las perspectivas
que han apuntado a estudiar el ideario político de Recabarren o su acción
social-sindical todas buscan contextualizarlo en los procesos históricos y esto
es un avance.
P: Ahora no deja de
ser paradojal que la historia social que ha cuestionado la mirada tradicional
de hacer historia, centrada en personajes por ejemplo, se apoye en la figura de
Recabarren para explicar el movimiento obrero.
J. C. Y.: Es cierto. Si creemos la declaración de principios que
hace Julio Pinto y Gabriel Salazar en su Historia de Chile tomo I de Lom
Ediciones (no tengo la referencia exacta en este momento), se cuestiona la
historia oficial de Chile enfocada en la presencia de personalidades, héroes de
bronce me parece que es la figura que utilizan. El pueblo debiera ser rescatado
en su potencialidad constructora ¿no? En su potencialidad de soberanía, de construcción
de historicidad. En este sentido me parece legítimo que la Nueva historia Social
le interese promover investigaciones sobre Recabarren (en especial cuando se
utilizan perspectivas comparadas con otros liderazgos, como Alessandri), el
problema es que no se ofrece ningún debate teórico sobre cómo insertar estos
liderazgos en una historia social que por definición es colectiva. Entonces, las figuras y personalidades
funcionan y sirven cuando se hace historia social, pero no cuando se trata de
la historia oficial. Creo que esa contradicción se supera ofreciendo una
perspectiva crítica de cómo situar el liderazgo de Recabarren en la Nueva
Historia Social, cosa que modestamente creo no se ha hecho.
P: ¿Pero cuál
debiera ser la relación entre biografía e historia social?
J.C.Y: Insisto, no soy especialista en Recabarren, pero creo que el
peligro de toda biografía, inclusive la de Recabarren, es creer que el
personaje lo es todo, caer en el subjetivismo puro. El retorno al sujeto, así
como las miradas micros parecen estar en boga, pero sin pensar los procesos
históricos de más largo plazo no sirve de mucho. Lo segundo es la tendencia al falseamiento
de toda biografía, lo que llama Pierre Bourdieu “la ilusión biográfica”, es
decir la tentación de todo biógrafo de caer en la reconstrucción de una vida
entendida como unidad perfecta, recorrido lineal, arquetípica en cierta forma. Qué es la biografía, ¿sino la construcción a posteriori de un todo coherente y
orientado bajo un orden cronológico y dotado de significación?
El desafío de toda biografía sobre Recabarren es que debe acompañar
el drama de la propia vida del líder obrero ¿no? El tema del suicidio hace más
compleja la biografía porque en este caso no hay contexto político que lo
explique (como en Balmaceda y Allende), es parte de un drama
personal que nunca se nos revela completamente. Es extraño, pero todas las
biografías históricas sobre Recabarren le dedican pocas líneas al suicidio. No
creo que la labor del historiador sea mostrar las claves o las razones que
expliquen este hecho, lo que quiero decir es que los intentos últimos de
reconstruir una vida coherente sobre Recabarren deben necesariamente dar cuenta de si el suicidio se inserta o no en esa reconstrucción coherente que se hace de
su vida de luchador social.
P: Ahora ¿hay algún aspecto que le interese en particular de la
acción de Recabarren y que considere que no haya sido tratado por la
historiografía? (Recabarren en Moscú, 1922)
Otro dato, los
corresponsales de la Organización Internacional del Trabajo cuando analizaron
el comunismo de Recabarren utilizaron su labor parlamentaria para calificar a
Recabarren como socialdemócrata y que su comunismo no difería demasiado de las
posiciones social-demócratas que había manifestado anteriormente en sus
escritos. Dicho en términos concretos:
Recabarren fue un social-demócrata y su comunismo responde más bien a una
evolución propia que a la recepción que haya hecho de la Revolución Rusa.
P: ¿Cómo evaluaría la labor político-parlamentaria de Recabarren,
en especial desde la creación del Partido Comunista en 1922 hasta su suicidio
en 1924?
J.C.Y.: No soy de aquellos que enarbolan críticas a la acción
política de Recabarren, más allá de los errores cometidos en particular en la afiliación
de la FOCH a la Internacional Sindical y la partida de importantes militantes
obreros. Creo que las promesas incumplidas de Recabarren en tratar de
modernizar al Partido Comunista a
propósito de su participación parlamentaria nos hablan del excesivo
personalismo que manifestó en este periodo. Por ejemplo, el periódico de la FOCH
nos informa en su edición del 3 de enero de 1922 (es decir en plena realización
de la Convención que fundó el Partido Comunista de Chile) que se había aprobado
una moción de Recabarren en orden a que el Comité Ejecutivo debería ir normando
y señalando la labor que debían hacer los representantes comunistas en el
Parlamento y en los municipios, una versión popular de los tradicionales
comités de partidos que funcionaban en el parlamentarismo y que permitía asegurar una línea política en el desorden
parlamentario. El que no haya funcionado las medidas de control y de conducción
de la labor parlamentaria de los representantes comunistas nos muestra la conducción
personalista que tenía Recabarren del Partido y explican las críticas que se
comenzaron a escuchar sobre su conducción a partir de 1923.
P: Para terminar. ¿Qué opinión le merece la reconstitución que se
hizo por parte de la tradición socialista y comunista de la figura de
Recabarren?
J.C.Y.: Bueno, tal como lo han señalado Olga Ulianova y Jaime
Massardo, la reivindicación que se hace de la figura de Recabarren se hace en
la segunda mitad de los años 1930 con el cambio de posición de la Internacional
Comunista y la promoción de la política de frentes populares, ante lo cual el
líder obrero aparece como la fórmula para vincular el proceso político de la
época con la tradición obrera de la cual era heredero. Ahora lo interesante es
que este proceso de rehabilitación de la figura de Recabarren no provino del Partido
Comunista ni del Partido Socialista, sino de la IZQUIERDA COMUNISTA (liderada
por Manuel Hidalgo) coincidiendo con la conmemoración de los 10 años de su
muerte, en 1934. Entre 1933 y 1934 se escucharon en los congresos del Partido
Comunista de Chile y la FOCH cosas terribles como que “Recabarren NO NOS ENSEÑÓ
ABSOLUTAMENTE NADA”. Es por eso que la Izquierda Comunista reivindica la figura
de Recabarren, tanto como para señalar la necesidad de vinculación histórica
nacional del comunismo chileno, como para apoyar su distancia con el
estalinismo del PC chileno. Entonces la rehabilitación de la figura de
Recabarren se hace por las necesidades de los comunistas hidalguistas de
defensa de sus propias posiciones políticas del periodo.
“No es raro-señala una
publicación de la Izquierda Comunista-, entonces, que la burocracia estaliniana
que ha desfigurado la Revolución Rusa, que ha podrido la Tercera Internacional,
que ha llevado a la derrota al proletariado de China y Alemania, que ha pactado
con el fascismo, que se ha entregado al imperialismo francés, que ha reconocido
derechos y coloniales a los Estados Unidos, que se ha unido a los bandidos
imperialistas de la Liga de las Naciones
y que ha escindido todo el movimiento obrero, haya dado instrucciones a sus
agentes oficiales para que ataquen a Recabarren y oculten su obra.”
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Reseñas y comentarios
lunes, 29 de diciembre de 2014
EXAMEN DE DOCTORADO, EHESS-PARIS
De Juan Carlos Yáñez Andrade
Con el título:
L'OIT ET L'AMÉRIQUE DU SUD (1919-1949). LA
CONSTRUCTION D'UN LABORATOIRE SOCIAL
RÉGIONAL
L’idée est d’étudier comment se mettent en pratique les circulations, les cadres de relations, les transferts et les programmes d’action transnationale lentement incubés dans les premières années du XXe siècle autour d’une nouvelle institution, qui portera les valeurs sociales universelles comme marque d’origine : l’Organisation Internationalisation du Travail (OIT).
L’Amérique du Sud est une région riche pour l’étude de ce type d’expériences. En ce qui concerne l'organisation de la thèse nous avons choisi de la diviser en deux parties : a) Une première partie concerne la problématique de l’internationalisation du social, dont je pose la question de l’importance de l’Amérique du sud dans la consolidation de l’OIT au-delà de l’Europe. b) Une deuxième partie, qui comprendre les trois derniers chapitres, analyse les possibilités que l’Amérique du Sud a offertes au développement de l’expertise du BIT.
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JURY
- Yves Cohen, directeur de thèse, EHESS
- Olivier Compagnon, Université Paris 3
- Sandrine Kott, Université de Genève
- Annick Lempérière, Université Paris 1
- Ludovic Tournès, Université de Genève
DATE
Samedi 18 octobre 2014 à 9h
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Conferencias y Congresos
jueves, 20 de noviembre de 2014
Reseña Texto
Macarena Ponce
de León, Gobernar la pobreza. Prácticas
de caridad y beneficencia en la ciudad de Santiago, 1830-1890, Santiago, Dibam,
Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2011, 377 pp.
La publicación que reseñamos se enmarca en un
ámbito de investigación que tradicionalmente había sido objeto de estudio de
los trabajadores sociales y de los cientistas políticos. Nos referimos a las
políticas sociales. Si la formación disciplinaria del Trabajo Social exigía
estar atento a las acciones públicas y privadas que configuraron los ámbitos de
su desarrollo profesional, para las Ciencias Políticas el estudio de las
políticas sociales era la marca distintiva en la consolidación de su perfil
técnico y de asesoría directa al poder del Estado. Para la historiografía de
los últimos años son un signo modernizador de la sociedad y una entrada para
estudiar de manera problematizadora la constitución de actores, la construcción
de saberes, la gestión de los problemas sociales y el desarrollo de
instituciones de intervención.
Ver, TIEMPO HISTÓRICO, N°7, Segundo semestre 2013.
Revista de la Escuela de Historia UAHC.
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Reseñas y comentarios
miércoles, 20 de agosto de 2014
I Encuentro de Historia
de Chile, siglo XX.
La Primera Guerra
Mundial y su impacto transnacional
21 de agosto 2014, Universidad Viña del Mar
Agua Santa N°7055, Sector Rodelillo, Viña
del Mar (Auditorio 230)
MESA I
La Primera Guerra
Mundial y su impacto económico-social regional.
9:30-9:40 hrs. Palabras de bienvenida, Sr. Patricio
Madariaga, Director Escuela de Educación, UVM.
9:40-10:00 hrs. Dr. Cristián Ducoing: Universidad de
Valparaíso.
"Consecuencias económicas de
la Primera Guerra Mundial sobre Chile y América Latina".
10:00- 10:20 hrs. Dr. Patricio
Herrera González: Universidad de Valparaíso.
"¿Un nuevo
escenario de relaciones laborales? La Gran Guerra y la clase obrera en
Chile"
10:20- 10:40 hrs. Dr. Juan Carlos Yáñez Andrade.
“La Primera Guerra Mundial, la crisis salitrera y el fenómeno de los
albergados”.
10:40- 11:00 hrs Ronda
de preguntas.
Café: 11:00-11:20 hrs.
MESA II
Reflexiones sobre la guerra y el nacionalismo.
11:20-11:40 hrs.
Magister, Gabriel Cid: Universidad
Diego Portales.
“Guerra y nacionalismo:
reflexiones teóricas e históricas en torno a una relación crucial”.
11:40-12:00 hrs. Dr. Zvonimir
Martinic: Universidad de Chile.
“El nacionalismo eslavo
durante el siglo XIX y su proyección en la Primera Guerra Mundial".
12:00- 12:20 hrs. Dr. Carlos Donoso: Universidad Andrés Bello.
“Gran Guerra e insipiencia fiscal en Chile:
análisis de una crisis previsible”.
12:20-12:30 hrs. Ronda de preguntas.
MESA III
La Gran Guerra y la
construcción de un nuevo orden mundial.
12:30-12:50 Dr. Germán Alburquerque Fuschini: Universidad
Bernardo O’Higgins.
“América Latina en la Sociedad de Naciones”.
12:50-13:10 hrs. Dr. Santiago
Aránguiz Pinto: Universidad Diego Portales.
“La Primera Guerra Mundial y la
renovación intelectual en Chile: pacifismo y
antimilitarismo en la generación del 20”.
13:10-13:30 hrs. Dr. Claudio Llanos: Universidad
Católica de Valparaíso.
“Las trincheras ideológicas:
ideas políticas y la Primera Guerra Mundial”.
13:30-13:40 hrs. Ronda
de preguntas.
Clausura del Encuentro.
ORGANIZA
Carrera de Historia y Ciencias Sociales
Escuela de Educación
Universidad Viña del Mar
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Conferencias y Congresos
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